Diagnóstico sobre la familia y el respeto a la vida en la sociedad actual

Fuente peque
Año 2009 - nº 21

Livio Melina

Seminario "Familia, esperanza de la humanidad". Sección española del P.I. Juan Pablo II, extensión de Murcia. Cartagena (Murcia), 9 de junio de 2009 

“El cristianismo no es obra de persuasión, sino de grandeza”. Con esta hermosa cita de San Ignacio de Antioquía, el Papa Benedicto XVI resumía ante los obispos suizos el punto clave en el que reside para él el formidable desafío de la nueva evangelización en nuestros días. La dificultad mayor, no es tanto la de no hacerse entender, cuanto la de entendernos a nosotros mismos. Perder la grandeza inicial que el cristianismo propone con asombro, es lo que lleva a tantos cristianos a aferrarse en unas convicciones válidas privadamente, pero que son despreciadas a nivel público. O bien, les conduce a sentir vergüenza de tales convicciones, refugiándose en un vago “espiritualismo” que se contenta con el cultivo de “buenas intenciones” sin concreción alguna, o con un “altruismo” formal, que pierde precisamente la grandeza del Amor que nos salva. Dos son las vias de escape mas comunes: la primera es la de recluirse en grupos cada vez más pequeños donde compartimos la fe, encerrados con temor ante un mundo exterior amenazador. La segunda via de escape es la de acabar viviendo como los demás, sin diferencia alguna; es decir, pensando en las realidades humanas más básicas “como si Dios no existiera”.