Educación de la sexualidad como educación al amor

Fuente peque
Año 2009 - nº 22

José Noriega

Conferencia impartida en la Parroquia de la Concepción de Nuestra Señora. Madrid, 27 de abril de 2006 

Hoy día nos encontramos frente a una cierta ambigüedad en la propuesta de una educación de la sexualidad. La ambigüedad se centra en la imagen simbólica que la sexualidad tiene para nuestros jóvenes: es, simplemente la posibilidad de un placer. Educar la sexualidad viene a ser reducido hoy en día a enseñar a los jóvenes un uso de la sexualidad que no ocasione problemas.

Nuestra sociedad es muy sensible, con razón, a las enfermedades de transmisión sexual y a las consecuencias no deseadas de la sexualidad. Todos comprendemos el límite enorme de un planteamiento educativo que reduzca la sexualidad a un problema solucionable técnicamente. Nuestros jóvenes se hacen así idea de un fabuloso sexual que llega a dejarles en la mayor soledad.

Si la educación sexual se reduce a una cuestión técnica, se deja de lado la gran cuestión de fondo: esto es, el sentido de la sexualidad. Es entonces cuando surge claro que la educación sexual es una educación al amor. Y aquí aparece de nuevo un gran ambigüedad. La ambigüedad se encuentra precisamente en el hecho de que lo que los padres y la Iglesia quieren transmitir sirviéndose de la categoría “amor” no es recibido, o es recibido dentro de un malentendido fundamental. Se quiere hablar de “amor”, es decir, de relación interpersonal, de don de sí, de intimidad, de reciprocidad, de irrevocabilidad, de fidelidad. Pero lo que los jóvenes reciben es entendido como sentimiento, afecto, emoción. Hay una especie de cortocircuito que impide a las personas captar de veras el sentido de lo que la Iglesia intenta transmitir y que, en consecuencia, se recibe en otro registro y produce como resultado una sinfonía totalmente diferente.