El sufrimiento en el matrimonio a la luz del Magisterio de Juan Pablo II

hombre mujer
Año 2011 - Nº 10 - Febrero
Francisco José Rodríguez Cortés y Mª Carmen Tarancón Merlo
 
1. El sufrimiento como problema.
2. La salvación de Jesucristo como respuesta al problema del sufrimiento.
3. El sufrimiento en el matrimonio y la familia. 

El sufrimiento es compañero inseparable del ser humano. Siempre inquieta e interfiere en la vida del hombre. No se puede vivir excluyendo el dolor aunque la sociedad actual trate de eliminarlo. A lo largo de la vida van apareciendo pruebas y dificultades para las que debemos estar preparados.

El sufrimiento existe, a pesar de nuestra lucha por combatirlo. Es un malestar que abarca la vida del hombre en sus distintas dimensiones: física, psíquica, emocional, familiar, religiosa… Es por otra parte, uno de los grandes retos para la madurez: o nos hace más humanos y más divinos, o nos rompe en mil pedazos.

El sufrimiento lleva a afrontar la vida de distinta manera, ayuda a recolocar la escala de valores y a clarificar lo que realmente vale la pena. 

El sentido del sufrimiento tiene mucho de misterio y seguramente nunca se llegará a captarlo en su totalidad. En la sociedad actual todo está diseñado para esquivar el sufrimiento. Sólo se acepta el lado plácido de la vida. Se ha hecho del bienestar un valor absoluto. Es una realidad que busca abolir todo tipo de dolor. Por eso, cuando llega el sufrimiento, se queda muda, no tiene recursos y busca el fin por el fin.

Ante este planteamiento surge nuestro propio sufrimiento, en nosotros encarnado en la enfermedad. Las experiencias de dolor vividas marcan un antes y un después en nuestra historia personal, matrimonial y familiar.

Tras el paso por el Master en Pastoral Familiar nos hemos dado cuenta de que en toda persona, y en concreto en todo matrimonio, hay una experiencia de sufrimiento que iluminar. Así, ha surgido en nosotros la inquietud de profundizar en este tema, pues es fundamental ser conscientes de que lo importante no es el por qué sufrir sino el para qué, convirtiéndose así el sufrimiento en una auténtica pedagogía.

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