A la luz del fruto: Ocho días de Ejercicios espirituales

0333LuzFruto JGranados bdJosé Granados

Editorial Didaskalos, nº 31. Madrid, 2018
320 páginas
15 x 21 cm.
ISBN: 978-84-17185-17-6

¿Ejercicios espirituales? Práctica consolidada en el tiempo, que, hoy, sin embargo, muestra signos de decadencia: disminuyen quienes los practican, pierde vigor de renovación. Causa no es solo la dificultad del hombre posmoderno para hacer silencio dentro de sí, distraído entre tanta pantalla. La causa profunda la ha señalado un reciente documento de la Congregación para la Doctrina de la fe, Placuit Deo: el hombre de hoy se ve aquejado de individualismo y de intimismo.

Con estas lentes en el corazón, quien se apresta a la práctica que antaño ideara uno de los primeros modernos, llegará a parajes muy ajenos al santo de Loyola: pisará terreno gnóstico, donde la propia convicción, ahora emotiva, adquiere valor de criterio. Basten dos piedras de toque: indiferencia y discernimiento. Significan cosas distintas a cuanto significaban antaño. San Ignacio escribe indiferencia, y lo atribuye a una cualidad del corazón, que no prefiere una cosa a otra sin ver lo que Dios prefiere; para un posmoderno se trata más bien de una cualidad de las cosas, que son indiferentes en sí, y todo depende de la intención con que se usen. San Ignacio habla de la necesidad de discernir para elegir, y lo acota con precisión: pues de lo que es malo o de lo que cae bajo elección inmutable, no hay discernimiento que valga. Un posmoderno, al haber perdido la teleología de las cosas, no tiene límite en su discernimiento, y ahí va, a discernir si es voluntad de Dios que mantenga aún los votos pronunciados, o si lo es que comulgue cuando está en una nueva unión permaneciendo el matrimonio anterior. Discernir para un posmoderno es solo cuestión de aclarar la buena intención. Indiferencia y discernimiento se han convertido hoy en piedras de tropiezo. (José Noriega, Superior General de los Discípulos de los Corazones de Jesús y María)

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